Molesto por el ruido ambiental, un anciano desconecta su audífono durante su paseo matinal y lo mantiene así al llegar a casa. Cuando sus nietas regresan de la escuela, llaman a la puerta pero, él no lo oye: sólo con la ayuda de sus compañeras de clase, que se congregarán para gritar frente a la fachada de la casa, conseguirán que el anciano se percate, al fin, de su llegada.

