Nada más empezar el verano, los italianos se lanzan a recorrer sus magníficas autopistas, de las que se sienten tan orgullosos que se arriesgan a soportar la inevitable consecuencia de una salida tan masiva: el atasco. En la autovía que lleva de Roma a Nápoles, cientos de vehículos han quedado atrapados y, sus ocupantes se verán obligados a convivir durante unas cuantas horas en las que irá pasando de todo.
