En Hungría, el movimiento nacional dirigido por Kossuth, ha sido aplastado y se ha restablecido la hegemonía austríaca pero, los partisanos continúan con sus acciones violentas. Para erradicar la guerrilla, el ejército detiene a los sospechosos y los encarcela en un fuerte aislado. Las autoridades no conocen la identidad de los líderes de la guerrilla a quienes suponen entre los presos. Sin embargo, saben lo suficiente sobre algunos de los sospechosos como para aplicar con eficacia formas pérfidas de coerción.

