Geraldine Chaplin interpreta a una mujer resuelta a vengar la muerte de su hermano a manos de una banda de espadachinas capitaneada por la veterana actriz de la Nouvelle Vague, Bernadette Lafont. La película explora los límites de la reflexividad en la asombrosa secuencia culmen del film. La producción resultó tan agotadora que, Rivette, aparcó el proyecto durante más de veinte años.


