Juliette sale en libertad tras pasar quince años en prisión. Durante ese tiempo no ha tenido contacto alguno con su familia, que la rechazó. Léa, su hermana menor, la acoge en su casa, donde vive con su marido y dos hijas adoptivas. Debido al largo encarcelamiento de Juliette y a su diferencia de edad, las dos mujeres se sienten como dos extrañas.

