En 1942, en plena ofensiva alemana sobre la Unión Soviética, al joven oficial de comunicaciones ruso Serguéi Ogárkov se le encarga llevar unas órdenes a la 341ª división, que se encuentra aislada. Pero no puede hacerlo y, como consecuencia, la división resulta aniquilada. Un consejo de guerra lo encuentra culpable de cobardía ante el enemigo y lo condena a ser fusilado. Pero la ejecución no puede llevarse a cabo hasta que sea ratificada por el alto mando. Mientras espera, es encerrado y custodiado por un centinela kazajo que apenas habla ruso. Al poco tiempo, los alemanes conquistan la posición y el centinela entiende que su deber es hacerse cargo del prisionero y entregarlo al alto mando para que decida su suerte. Centinela y prisionero inician entonces un camino a través de la estepa, sorteando toda suerte de dificultades.
