Desesperado por la enfermedad de su hijo, Eufemio roba una perla de la imagen de Santa Lucía de la iglesia del pueblo. Unos turistas fotografían el robo y Eufemio está a punto de ser linchado por sus vecinos. La perla desaparece entre las fauces de uno de los cerdos que cría Chabela, la mujer de Eufemio.


