Antes de Elvis, de Elton John, de Madonna o Lady Gaga, existió Liberace. Pianista virtuoso, artista exuberante, habituado a la escena y los platós de televisión, Liberace apreciaba la desmesura y cultivaba el exceso, dentro y fuera del escenario. Un día de verano de 1977, el joven y guapo Scott Thorson entró en su camerino y, a pesar de la diferencia de edad y de estrato social, empezaron una relación secreta que duraría varios años.

