Todo cuanto Bubby conoce del mundo son las paredes del inmundo sótano en el que ha sido confinado durante sus treinta y cinco años de vida. Sólo tiene conciencia de su propia existencia y de la de su madre. Juega con su famélico gato y con las cucarachas. Su madre le cuida a su manera, alimentándolo, abusando sexualmente de él, o pegándole, según su estado de ánimo. Hasta que un día papá llega a casa. Esto inquieta a Bubby pues, siente deseos de ver lo que hay fuera de allí.
