Roy y Frank son dos estafadores de poca monta que se dedican a vender artilugios para filtrar el agua. Los compradores están dispuestos a pagar diez veces lo que valen para conseguir falsos premios (coches, joyas, vacaciones en el extranjero) que nunca reciben. La vida de Roy es más bien problemática: padece agorafobia, es un trastorno maníaco compulsivo y carece de relaciones personales; a veces, no tiene más remedio que visitar a un psicoanalista. Gracias a la terapia que sigue, se entera de que tiene una hija adolescente, cosa que se niega a reconocer. Pero resulta que ella quiere conocerle. Al principio, la aparición de la chica perturba la ordenada rutina de su neurótico padre, pero poco a poco, Roy empieza a disfrutar de una relación que nunca había soñado tener.


