María malvive en un piso oscuro y pequeño de un barrio miserable, trabaja eventualmente como chica de la limpieza y, casi con cuarenta años, descubre que está embarazada de un hombre que no la ama. Su soledad es tan grande que sólo encuentra consuelo en la bebida. Su madre, que ha consumido su vida al lado de un hombre machista, violento e intolerante, no tiene siquiera el consuelo de tenerla cerca. A consecuencia del ingreso hospitalario de su marido, la madre visita a María y conoce a un vecino viudo que vive acompañado por su perro. La relación que se establece entre estos tres náufragos sociales y emocionales, alivia sus soledades y deja una puerta abierta a la esperanza.


