En "Todos nos llamamos Alí", en un café al que acuden los trabajadores inmigrantes, Emmi Kurowski, una viuda de sesenta años, conoce a Salem, un marroquí treintañero. Inducido por la dueña del bar, Salem invita a Emmi a bailar, hablan, la acompaña a casa y, al día siguiente, se queda a vivir con ella. Esta relación provoca un gran escándalo y las vecinas visitan al propietario del edificio para denunciar a Emmi.
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