El conflicto vasco es analizado y comentado por setenta personas ante la cámara de Medem en típicos espacios de la geografía de Euskadi: frontones, acantilados, playas, montes de caseríos. Desde la diversidad de estas voces Julio Medem compone un complejo tejido de opiniones y momentos históricos concebido desde un doble compromiso ético: la oposición a la violencia y la invitación a un diálogo político. La agresiva campaña que sufrió Julio Medem tras el estreno del documental por parte del Gobierno de España y algunos de sus ministros, así como destacados miembros de la iglesia y, naturalmente, la prensa cavernaria, afín, por supuesto, a la derecha española y sus dirigentes, entonces en el poder, consiguieron que Medem abortara el proyecto de realización de la segunda parte de este polémico y atrevido documental que solo pedía dialogo entre las partes para erradicar el terrible azote del terrorismo.


